El eje de la Microbiota: Intestino & Cerebro pediátrico: implicaciones para el desarrollo y la intervención
Te compartimos fuentes confiables y actualizadas sobre el eje microbiota-intestino-cerebro pediátrico y sus implicaciones para el desarrollo.

Resumen (Abstract):
Antecedentes: La microbiota intestinal desempeña un papel crucial en el desarrollo y funcionamiento del cerebro, especialmente en las primeras etapas de la vida. Las alteraciones en el eje microbiota–intestino–cerebro pediátrico se han relacionado con trastornos del neurodesarrollo y psiquiátricos. Se plantea la hipótesis de que la disbiosis temprana puede perturbar el neurodesarrollo a través de este eje, aumentando el riesgo y/o la gravedad de los resultados neuropsiquiátricos, y que las estrategias dirigidas a la microbiota podrían mitigar este riesgo.
Métodos: Se realizó una revisión narrativa mediante búsquedas en PubMed, Scopus y Web of Science hasta enero de 2025, incluyendo estudios en humanos y animales que aportaran información mecanística o clínica sobre microbiota pediátrica, desarrollo neuropsiquiátrico e intervenciones.
Resultados: Los principales determinantes del desarrollo de la microbiota infantil incluyen el tipo de parto, la alimentación, la exposición a antibióticos, la dieta y el entorno. Las alteraciones en la composición microbiana se han asociado con trastorno del espectro autista (TEA), TDAH, trastornos del estado de ánimo, ansiedad y anorexia nerviosa. Los mecanismos implican modulación inmunitaria, señalización neural (incluyendo el nervio vago y el sistema nervioso entérico) y metabolitos microbianos como los ácidos grasos de cadena corta. Las intervenciones dirigidas a la microbiota—desde estrategias dietéticas y probióticos hasta psicobióticos y trasplante de microbiota fecal—muestran potencial, aunque requieren más ensayos clínicos enfocados en población pediátrica.
Conclusiones: El eje microbiota–intestino–cerebro en la infancia representa una ventana crítica tanto de vulnerabilidad como de intervención neuropsiquiátrica. Las estrategias tempranas para favorecer una microbiota saludable podrían reducir el riesgo o la gravedad de los trastornos psiquiátricos. Se necesitan estudios longitudinales pediátricos y ensayos clínicos para trasladar los hallazgos mecanísticos a intervenciones de precisión.